206.-Los malos deseos.
No poner por obra los deseos de la carne. Aborrecer la propia voluntad. (4,59) Encontramos de nuevo con un instrumento que tradicionalmente era considerado uno solo, y que en versiones…
No poner por obra los deseos de la carne. Aborrecer la propia voluntad. (4,59) Encontramos de nuevo con un instrumento que tradicionalmente era considerado uno solo, y que en versiones…
- No poner por obra los deseos de la carne. Aborrecer la propia voluntad. (4,56) Si queremos desprendernos de las satisfacciones naturales, para así poder llegar a dominar la carne,…
No poner por obra los deseos de la carne. Aborrecer la propia voluntad. (4,59) Hoy reflexionamos la segunda parte de este instrumento, aborrecer la propia voluntad. La voluntad propia es…
Obedecer en todo a los preceptos del abad, aunque, lo que Dios no permita, obre él de otra manera, acordándose de aquel precepto del Señor: Haced lo que os dicen y no hagáis lo que ellos hacen. (4,60)
211.- No querer ser tenido por santo antes de serlo, sino serlo en efecto, para que puedan con verdad llamarlo. (4,61) Esta frase un tanto curiosa, se encuentra en la…
212.-Fidelidad cotidiana. Practicar con los hechos cada día los preceptos del Señor. (4,61) Esta máxima con la siguiente, amar la castidad, son temas que aparecen situados sin lógica en este…
Nadie se deje conducir en el Monasterio por la voluntad de su propio corazón. (3,9)
Por tanto sigan todos la Regla como maestra en todo y nadie se desvíe de ella temerariamente. (3,7)
De suyo la regla intenta plasmar el carisma que vivió, que testimonió y que S. Benito quiso legar a sus discípulos posteriores. Es un modo concreto de seguimiento de Cristo por la caridad perfecta, fin último de toda regla en general y de la vida religiosa en particular.
Podemos ver en la regla escrita por S. Benito un modo particular de vivir el evangelio.
Una vez oído el consejo de los hermanos, reflexione a solas y haga lo que juzgue más conveniente. (3,2) Por quedar la cuestión reservada a la decisión del abad, todos le obedecerán en lo que el disponga como lo más conveniente. Pero como corresponde a los discípulos obedecer al maestro de la misma manera conviene que este decida todas las cosas con prudencia y sentido de la justicia. (3,6)
Por lo demás, expongan los hermanos su criterio con toda sumisión, y humildad y no tengan la osadía de defender con arrogancia su propio parecer. (3,4))