Todavía antes de entrar en la iglesia tenemos que acceder al hermoso y original pórtico también del siglo XVI, con una trabajada estructura de madera decorada con discos solares, típicos de la cultura y el arte vasco, y justo ante la entrada la original la pinjante cabeza de lobo que con tono de amenaza defiende la entrada al lugar como queriendo ahuyentar a todo lo que se acerque con malas intenciones.            Destaca una viga hermosamente labrada y colocada a modo de dosel sobre uno de los asientos que parece recordar el lugar especial donde se sentarían las autoridades en su primera época de anteiglesia.

            Dando ya acceso al templo la puerta está custodiada por una fila de columnas, bellamente trabajadas que forman en el arco un conjunto de arquivoltas perfectamente conservadas.

Destaca en el tímpano un Cristo majestad, mostrando las llagas de resucitado, flanqueado por dos ángeles músicos. Todo el conjunto, un tanto elemental, parece responder a una elaboración anterior, pero parece lógico fecharla en el siglo XV.