TIEMPOADVIENTO
Sábado 2º
LECTURA:
“Mateo 17,10‑13”
Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»
Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista.
MEDITACIÓN:
“Lo trataron a su antojo”
De nuevo sé que me quedo en una frase negativa, pero no es para quedarme en lo negativo, sino para intentar desde ahí estimular a lo positivo. Siempre pienso que no podemos cerrar los ojos a lo oscuro de nuestras actitudes o la de los otros, pero no para quedarnos en el lamento o en la crítica, sino para vislumbrar caminos de respuesta positiva.
Es una realidad de siempre y de hoy. Muchas de nuestras respuestas a las cosas no las pasamos por el sentido común, por la apertura, por el diálogo, por el razonamiento, sino por el mero afecto o sentimiento, cuando no, por supuesto, por los intereses y la superficialidad. En casos como el de Juan y el de Jesús, como el de miles que podamos conocer, es así. Tratamos las cosas, las personas, a nuestro antojo, no desde la capacidad de razonar, o el respeto a las diferencias, o desde el dejarnos interpelar, aunque la respuesta final no sea de adhesión. Me gusta una frase de Pablo con la que invita a escucharlo todo y quedarse con lo bueno, o con lo que uno siente como bueno, y, sin tener que hacer daño al contrario por ello.
Jesús no trató a nadie a su antojo. Se acercó con sumo respeto a todos los hombres poniendo de manifiesto su dignidad. No mandó fuego sobre los que no le recibían, como hubiesen querido sus discípulos. Discutió con la fuerza de su palabra con sus adversarios y condenó sus falsedades, pero no desde el capricho, sino desde la realidad de los hechos. Y no murió matando sino perdonando.
El “antojo”, la indiferencia o la superficialidad, siguen marcando gran parte de nuestra forma de seguir actuando. Triste y dolorosamente es así. Lo palpamos continuamente en toda su crudeza. Y Dios se nos sigue acercando en Jesús, se nos sigue encarnando en toda realidad de respeto, de bien, de llamada a la conversión del amor, poniendo la cabeza y el corazón en todas nuestras actitudes. Nos sigue llamando a construir no a destruir, porque viene, ha venido, a salvar, no a condenar. Por eso nos sigue y seguirá tratando no desde su antojo sino desde su amor. Y es de él de quien tenemos que aprender.
ORACIÓN: “Desde el amor”
Señor, gracias por tu llamada de atención, por ayudarnos a constatar una realidad que, a veces, adoptamos, inconscientemente y desde toda la lógica de nuestra visión de las cosas. Malo es cuando se realiza por incapacidad; mucho más doloroso cuando se hace por intereses de muchos tipos o por mera maldad, aunque pienso que ya eso raya la enfermedad. Señor, que no pierda esa sensibilidad, que supere ese riesgo de incapacidad, de inmadurez o de capricho infantil que rechazaste en más de una ocasión. Señor, que no pierda la lucidez para actuar siempre, en la medida de lo posible, desde el sentido común y desde el amor. Gracias, Señor.
CONTEMPLACIÓN: “Te acercas”
Cada día me haces sentir
la fuerza y la delicadeza
de tu presencia.
Tu llamada que me llega
firme y rotunda,
envuelta en la certeza
de tu amor manifestado y ofrecido.
Así te acercas y me acerco,
me hablas y te acojo.
