TIEMPOADVIENTO
Jueves 2º
LECTURA:
“Mateo 11, 11‑15”
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo.
Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»
MEDITACIÓN:
“Que queráis admitirlo”
Al final en la vida todo se reduce a eso, nuestra disposición o no a admitir algo. Podemos estar ante algo evidente, ante algo que es blanco y poder decir que es negro. Nuestra aceptación o rechazo de las cosas nos lleva a eso, a ver y escuchar incluso lo contrario de lo que vemos o escuchamos. En Jesús tenemos muchas situaciones de esas, la más significativa es que ante un milagro unos vean un signo d Dios y otros lo vean del diablo. Y en nuestra experiencia seguro que podríamos aportar muchos ejemplos de ese tipo.
Jesús venía asumiendo todas las actitudes que estaban anunciadas como signos de la era mesiánica, pero muchos no quisieron o no fueron capaces de reconocerla. Estaba escrito que Elías tenía que venir, Juan encarna la realidad de su persona, pero también muchos no lo vieron o lo rechazaron. Por eso, la afirmación de Jesús tiene todo su sentido “con tal que queráis admitirlo”.
Y así podemos acercarnos a su propia persona. Todo lo que podamos decir de él, todos los signos con los que expresó en su vida el misterio de su personalidad. Toda la fuerza de su palabra, de su llamada en defensa de la dignidad del hombre y del proyecto salvador de Dios sobre él, por muy hermoso que suene, no sirve si no se quiere admitir, si nos cerramos a él. Si desde nuestra realidad limitada y condicionada, afirmamos su imposibilidad.
Volvemos a celebrar y actualizar la encarnación del Verbo. Volvemos a escuchar el grito salvador de Dios con nosotros que nos trae la paz, nos pude emocionar o dejar impasibles según queramos o no admitirlo y acogerlo. En nosotros vuelve a resonar con el eco de una buena noticia, y con el deseo de abrirle un poco más de espacio en nuestra vida. Porque siempre estamos llamados a dejarle más espacio en nosotros, a que sea él más en nosotros, para que seamos más nosotros mismos. Pero todo eso también, “con tal que queramos admitirlo”. Eso es lo que lo hace posible. Es el milagro de la fe.
ORACIÓN:
“En medio de nosotros”
Señor, quiero admitirlo y sabes que trato de vivir desde ahí. Pero también sabes que eso no significa que mi respuesta sea siempre la correcta, ni que mi disponibilidad esté siempre dispuesta. Pero creo en tu buena noticia, creo en la esperanza que nos traes, creo en la dignidad con que nos has creado y en la fuerza de bien que has depositado en el corazón humano, aunque muchas veces no sepamos darle cauce. Por eso sigo esperando y celebrando tu venida. Por eso me emociona escucharte y saber de tu estar en medio de nosotros y aún dentro de mí, aunque me desconcierte. Pero quiero admitirlo porque eso, lejos de evadirme, me llama a poner en juego, cada día, lo mejor de mí, sin reservarme nada, o a intentar, al menor, aprender a hacerlo. Ese es mi proyecto, el tuyo, y me ilusiona. Gracias, Señor.
CONTEMPLACIÓN:
“Te amo”
Creo, Señor,
te creo y espero.
Espero en ti y en mí,
porque sé que crees
y esperas en mí.
Y porque creo y espero,
Sé que me amas,
y te amo.
