TIEMPO ORDINARIO
Lunes 7º
LECTURA: “Marcos 9, 13-28”
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces. Él les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.
Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? Él les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.
MEDITACIÓN: “Tengo fe pero dudo”
Recomenzamos el tiempo ordinario y lo hacemos con una densa lectura y con un programa claro de acción, el programa nuclear del seguimiento de Jesús convertido en empeño de la Iglesia en este año: seguir consolidando nuestra fe. Y para ello tenemos que reconocer con humildad y verdad que nos queda camino. Tal vez la mejor expresión esté en la de ese padre que grita “tengo fe pero dudo”, porque es esa generalmente nuestra actitud ante la vivencia y el seguimiento de nuestra fe.
Pensar que tenemos las cosas hechas o culminadas en el campo de la vida es un riesgo. Sencillamente porque somos seres en camino, haciéndonos. Y este trabajo no se acaba nunca. En ningún área de la vida y de nuestras relaciones con Dios, con nosotros mismos o con los otros, podemos afirmar de forma tajante que ya tenemos el camino hecho, que ya lo hemos alcanzado, que ya podemos dar por finalizado nuestro trabajo. Sería como el cierre de nuestro crecimiento, de nuestra madurez humana. Aquí siempre estaremos en camino.
Por eso, qué bien nos hace esa afirmación fuerte y tajante de Jesús que tuvo que desconcertar a los suyos de una manera bastante fuerte: “Gente de poca fe”. Fue una buena lección a su seguridad y a su descubrir que las cosas, incluso la fe que es don, no cae del cielo por arte de magia, hay que pedirla sí, pero hay que preparar el terreno para acogerla y para desarrollarla. Y alimentarla, porque lo que no se alimenta se termina, tarde o temprano, muriendo.
Y ahí Jesús nos deja su lección ahora que retomamos el curso de su palabra. Y en esa lección dos instrumentos a cuidar de nuestra fe para hacer frente a nuestros demonios interiores y exteriores: La oración y el ayuno. La oración nos pone en hilo directo, en relación, en capacidad de encuentro de amigos y enamorados con el Dios que nos sale a nuestro camino para iluminar y potenciar nuestra vida a la luz de la suya. El ayuno, no sólo de pan, sino, sobre todo, de muchas actitudes negativas que nos atrapan, y por las que nos dejamos atrapar tontamente o ingenuamente, nos facilita el camino a él y a los hermanos.
Sí, no cabe duda de que tenemos que acoger estas palabras nucleares, ilusionantes, programáticas en nuestra vida de creyentes, y ayudarnos mutuamente en la tarea, que para eso somos Iglesia de Jesús. Si lo hemos actualizado y potenciado un poco más en esta pascua afirmemos humilde y activamente: “Tengo fe pero dudo” y pongamos manos a la obra.
ORACIÓN: “Proyecto de vida”
Señor, sé que esperas más de mí, pero también sé que me conoces en mi camino y en mi historia, seguro que mejor que yo mismo que trato de justificar o de cerrar los ojos y muchos sentidos a mi verdad, a mi realidad. Prefiero no verla para no reconocer mi paso, muchas veces excesivamente lento, cómodo. Señor, de nuevo te conviertes en reto, en tarea ilusionante, en proyecto de vida, de camino ascendente, en maestro de mi humanidad, para desplegarla desde ti como proyecto de bien que comienza en mí y alcanzar a todos. Siempre son más grandes mis palabras y mis deseos que mi realidad, pero tiene que ser así, siempre que no creen una mera insatisfacción dolorosa sino una tarea ilusionante. Así me la presentes, y desde el barro de mi realidad, quiero seguir tras de ti, quiero estar a tu lado. Quiero tenerte, seguirte y llevarte. Sigue ayudando mi fe.
CONTEMPLACIÓN: “Paso firme”
Tú asientas tu tierra firme
en mis movedizas arenas,
y mis pies torpes y temerosos,
como los de un niño
que comienza a andar,
van pisando el suelo seguro
de mi vida haciéndose en ti.
Y así aseguras mis pasos,
fortaleces mi andadura
y me permites orientarme a ti
con paso firme y decidido,
tropiezos y caídas incluidas.
Y en esa larga y trabajada travesía,
hecha de dolor y de esperanza,
de firmezas y zozobras,
alimentas y construyes mi persona.
