67.-No juzgar

67.-No juzgar

Y a la inversa, cuanto indique a sus discípulos que es nocivo a sus almas, muéstrelo con su conducta que no deben hacerlo, no sea que después de haber predicado a otros, resulte que él mismo se condene y que así mismo un día tenga Dios que decirle a causa de sus pecados: ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes  siempre en la boca mi  alianza, tu que detestas mi corrección y te echas a la espalda mis mandatos? Y también ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? (2 13-15)

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62.-Buen ejemplo

62.-Buen ejemplo

Por tanto cuando alguien acepte el título de abad, debe enseñar a sus discípulos de dos maneras. Queremos decir que mostrará todo lo que es recto y santo más a través de su manera personal de proceder  que con sus palabras. De modo  que a los discípulos capaces les propondrá los preceptos del  Señor con sus palabras, pero a los duros de corazón y a los simples  les hará descubrir los mandamientos  divinos con la conducta del mismo abad.  (2,11-12)

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61.- El abad y su misión.

61.- El abad y su misión.

La fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que es designado con su sobrenombre. (2,2)

Tanto en la RM como en la RB,  nada tiene tanta importancia como el abad. La importancia  primordial que se reconoce de este modo al abadiato, contrasta con el último lugar que Agustín designaba en su directorio al superior.
La unión de corazones y la comunidad de bienes  de los que  nuestra regla nada dice en su comienzo, era con lo que comenzaba la regla agustiniana. Son dos perspectivas claramente distintas. Por un lado la comunión en S. Agustín. Por otra “scola” del Maestro y de Benito.
En una escuela, como es natural, nada hay más importante que su doctor, el maestro, el abad.

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60.- El abad vicario de Cristo.

60.- El abad vicario de Cristo.

El abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse  siempre del título que se le da, y cumplir con sus propias obras el nombre de superior, porque en efecto, la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya  que es designado con su sobrenombre, según lo dice el Apóstol:” habéis recibido el espíritu de adopción filial que nos permite gritar: Abba, Padre!” (2,1-3)

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