89. La propia voluntad.

Nadie se  deje conducir en el Monasterio por la voluntad de su  propio corazón. (3,9)

San Bernardo llama propia voluntad a la que no es conforme  con la de Dios,  ni de los hombres, sus representantes, sino con la propia
 ¿Qué aborrece o castiga Dios, fuera de la propia voluntad? Cese  la propia voluntad y no habrá infierno. Dice en un sermón sobre la resurrección.
El enunciado de S. Benito es claro, no así su realización que es la ascesis de toda la vida y de todos los tiempos, aunque pensemos que los nuestros son particulares o especiales.
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88.- La regla maestra en todo.

Por tanto sigan todos la Regla como maestra en todo y nadie se desvíe de ella temerariamente. (3,7)

De suyo la regla intenta plasmar el carisma que vivió, que testimonió y que S. Benito quiso legar a sus discípulos posteriores.  Es un modo concreto de seguimiento de Cristo por la caridad perfecta, fin  último de toda regla en general y de la vida religiosa en particular.
Podemos ver en la regla escrita por S. Benito un modo  particular de vivir el evangelio.

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87.-La decisión es reservada al abad.

Una vez oído el consejo de los hermanos, reflexione a solas y haga lo que  juzgue más conveniente. (3,2) Por quedar  la cuestión reservada a la decisión del abad, todos le obedecerán en lo que el disponga como lo más conveniente.  Pero  como corresponde a los discípulos obedecer al maestro de la misma manera  conviene que este decida todas las cosas   con prudencia y sentido de la justicia. (3,6)

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86. Actitud del monje en el consejo.

Por lo demás, expongan los hermanos su criterio con toda sumisión, y humildad y no tengan la osadía de defender con arrogancia  su propio parecer. (3,4))

Tres son las actitudes que S. Benito quiere  que tenga el monje cuando es llamado a consejo. Sumisión, humildad y evitar la dureza de criterio.
El otro día indicaba que la desconfianza sobre nosotros mismos, nos lleva a recurrir a los consejos de los hermanos. Esta misma desconfianza nos tiene que  llevar a cierta reserva o prudencia  cuando se trata de dar consejos a otros
El presuntuoso está siempre dispuesto a ofrecer sus criterios e incluso pretende imponerlos sin que nadie se lo pida. Parece que no puede emprenderse cosa alguna sin su participación. Y hasta se alegra cuando salen mal las cosas, diciendo o por lo menos pensando,  que todo iría mejor si se le consultase.
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85.-Consejo y humildad.

iempre que en el monasterio hayan de tratarse asuntos de importancia, el abad convocará a toda la comunidad, y expondrá el personalmente de qué se trata. Una vez oído el consejo de los hermanos, reflexione a solas y haga lo que juzgue más conveniente. (3,1-2) Hazlo todo con consejo, y después de hecho no te arrepentirás. (3,13)

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84.-El consejo en la RB.

El capitulo del consejo ofrece, además de lo dicho ayer, un gran interés por situar al abad frente a la comunidad definiendo claramente sus atribuciones. Dejando de lado las fuentes, de que ayer ya hablamos,  nos fijamos en dos puntos importantes, en esta mirada general.
En primer lugar la insistencia  de la RB en los derechos y deberes del abad.  Los derechos  no son, como hasta hace poco se creía, sustancialmente diferente de los señalados por la RM. Pero  se los señala con una precisión acrecentada. Esto indica la preocupación que tiene de salvaguardarlos de una manera más eficaz que el RM. 

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83.-El Consejo de comunidad.

 Cómo se han de convocar los hermanos al consejo. (3)
El cap. 3, viene a ser una continuación  del 2º para fijar la constitución de la sociedad cenobítica, al precisar el papel  que corresponde a cada uno de los miembros, en el gobierno del monasterio.
Nos encontramos con un texto de difícil interpretación. Aparentemente no lo parece, pero cuando se trata de traducir algunas de sus frases, resulta prácticamente imposible determinar con exactitud su alcance. Su carácter es complejo, sus cláusulas se suceden sin mucho orden. Recuerda desde este punto de vista, el capítulo anterior. No faltan las repeticiones, las insistencias.
 Parece que se pueden distinguir en él algunas añadiduras, en particular al final, referente al consejo de los  ancianos.
Dos palabras “precipua et minora” tienen una importancia decisiva. En los asuntos “precipuos”  corresponde  la convocación del consejo de la comunidad entera.  Para los negocios menores, el de los ancianos.
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