Priorato

             Un momento importante en la historia de este monasterio fue su elevación al rango de “priorato simple”, por parte del Capítulo General de nuestra orden, celebrado en Asís (Italia) el 18 de septiembre de 2008.

         De esta manera, el monasterio de Zenarruza adquirió, por decirlo así, su mayoría de edad y su autonomía con respecto a su casa fundadora, la abadía de La Oliva, de la que salieron sus dos primeros monjes fundadores, en el año 1988, Francisco Elguezábal y José Luis Marichalar.

        El 15 de octubre de 2008, justamente a los veinte años de la entrada en este lugar de los dos fundadores, los monjes que conforman la actual comunidad hacen su cambio de estabilidad definitivo a este ya priorato de Zenarruza, ante el abad de La Oliva, Dom Pablo Gordillo Cañas y, el prior en funciones, Dom Eduardo Rincón.

       El 8 de enero de 2009, la comunidad celebra su primera elección de prior, nombramiento que recae en el P. Isaac Totorika Izagirre, natural de Ermua (Bizkaia), quien pasa a ser el primer prior del priorato de Zenarruza.

      El 15 de diciembre del mismo año, Isaac Totorika es elegido abad de La Oliva, por lo que el 8 de enero de 2010, es nombrado “superior ad nutum” de Zenarruza, el P. Eduardo Rincón. Terminada su misión, el 30 de junio de 2014 fue nombrado igualmente "superior ad nutum" de la comunidad el P. Antonio Maria Martín Fernández-Gallardo, que procedía del monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia).

   

 

 

   Desde que deja de ser Colegiata hasta finales del siglo XX, Zenarruza vivió una etapa sencilla, oscura y de deterioro en su conjunto monumental. La desaparición de la comunidad que vivía en ella y sucesivos incendios, fueron abocando el conjunto a una situación límite.

            La peculiaridad de su historia en Vizcaya y el valor de su conjunto artístico, hizo que la Diputación asumiese un plan de revitalización en conjunción con la diócesis de Bilbao. Así, a partir de 1980 comenzaron las obras de restauración de los edificios que quedaban en pie, especialmente de su bella iglesia del siglo XV.

            En 1988 se asentó la primera comunidad de monjes cistercienses, venidos de la abadía de Santa María de la Oliva, en Navarra, que iniciaron una nueva etapa en Zenarruza convirtiendo este enclave en monasterio cisterciense.

     Desde entonces esta comunidad ha tomado cuerpo, su culto abierto y su hospedería están dando a este lugar un nuevo aire de vida, haciendo posible que Zenarruza vuelva a recuperar la base de esa dimensión de espiritualidad que fue la que originó su nacimiento.

palacio             A finales del siglo XIV, el crecimiento de las peregrinaciones a Santiago y de la importancia del lugar, llevó a las familias más representativas de la zona decidieron poner en común parte de sus bienes para que se estableciese en el lugar un grupo de clérigos que diesen culto a Dios y a su santísima Madre y rezasen por sus vivos y difuntos. Es así como Zenarruza vio elevada su categoría de parroquia a colegiata. Se llama colegiata a una iglesia que, sin ser sede del obispo, es decir, sin ser catedral, está regida por un colegio de canónigos regulares presididos por un abad, que celebran en ella oficios litúrgicos semejantes a los de las catedrales.

          Su erección como colegiata tuvo lugar en 1379, por don Gonzalo de Mena, obispo de Calahorra y La Calzada, diócesis a la que entonces pertenecía Vizcaya. De los veinticinco abades que se sucedieron a lo largo de los siglos, el más representativo fue Diego de Irusta (1485-1563), principal impulsor de las obras de Zenarruza que con él alcanzó su momento de mayor esplendor.

         Éste constituyó el segundo momento importante que se prolongó hasta el siglo XIX. Una época con sus luces y sombras que dio peso y nombre a este enclave. Su importancia se puso de manifiesto en el ámbito espiritual, con una fuerza de atracción importante en su culto y, de modo especial, en los enterramientos; también en el terreno social y de la cultura, de la que se preocuparon de modo especial los canónigos, dotándose de una importante biblioteca y fomentado los estudios de muchachos con cualidades de la zona. De igual manera su sensibilidad se dejó notar en el arte, manifestado en la construcción de la bella iglesia y claustro que hoy podemos disfrutar, y que mereció en 1948 ser reconocido como monumento nacional de Euskadi..

        También en ciertas épocas, según los propios avatares de la historia ajena al lugar, tuvo su importancia el hospital que acogía a peregrinos y caminantes.

        La historia fue derivando las situaciones por nuevos derroteros y, poco a poco, Zenarruza fue dejando de ser ese lugar estratégico en la provincia y perdiendo vitalidad. En 1851,  un nuevo Concordato con la Santa Sede en el que se actualizan las listas de Colegiatas, Zenarruza no es integrada, con lo cual, la que había sido primera y única Colegiata de Vizcaya, paso a su primer rango de parroquia de un pequeño núcleo de caseríos.

       El origen histórico de Zenarruza suele situarse entre los siglos IX y X. De esta etapa antigua se ha recuperado un sillar prerrománico con un motivo astral en bajorrelieve y algunas cubiertas sepulcrales horadadas, relacionadas con las «necrópolis del Oiz». A mediados del XII, se construyó otra iglesia de una sola nave, dividida en dos tramos a juzgar por los cimientos conservados. En su entorno continuó usándose el cementerio, pero algunos personajes reservaron sepultura en el interior de la iglesia en tumbas de lajas o en sepulcros exentos ornamentados con motivos de tradición franca, de los que se conserva uno en el claustro. 

         El dato base nos lo cuentan unos cartularios que se encuentran en San Millán de la Cogolla. Recogen estos documentos que el día 15 de agosto del año 968, fiesta de la Asunción, las gentes de los barrios del termino de Gerrikaitz se encontraban celebrando la misa en la parroquia de Santa Lucía, cuando un águila coronada hizo acto de presencia volando muy baja hasta lanzarse al osario del cementerio y coger con sus garras una calavera con la que alzó el vuelo. Todos siguieron su trayectoria, impresionados por la súbita aparición hasta que llegada a la ladera de enfrente, la “ladera fría” de Zenarruza, la calavera se desprendió de sus patas, cayendo en un lugar espeso, abundante en yezgos, mientras el ave seguía su vuelo. 

            El acontecimiento no era extraordinario pero la fuerza emotiva del momento hizo que todos manifestasen su convicción de que era la señal de que en esa ladera debían levantar una ermita en honor de la Virgen.


            Es así como cómo del siglo X al XIV, Zenarruza va a experimentar su proceso de desarrollo. Los pobladores del lugar no erigieron una ermita sino la nueva parroquia, bajo la advocación de la Asunción. Así apareció un pequeño núcleo habitado, que se convirtió en el centro sociorreligioso, que convertirá a Zenarruza en anteiglesia. Pero este primer acontecimiento marcó el lugar y lo convirtió en núcleo, no sólo de sus habitantes, muchos fueron quienes de todos los alrededores manifestaron su deseo de ser enterrados en el lugar, como garantía de salvación. Es así como Zenarruza se convirtió en un lugar deseado y buscado.

            Pero lo especial del enclave hizo que también bodas, bautizos, fiestas sociales, se multiplicasen en él, y que las familias nobles lo asumieran como enclave, de alguna manera propio.